Después de terminar la primaria en el Instituto Valladolid, entré al Instituto Valladolid Secundaria (se suponía que era una de las mejores escuelas de la ciudad, mucha moral, religión y valores…yo no estoy muy seguro de ello). Ahí conocí a mucha gente, hice buenos amigos y amigas, con algunos de ellos sigo teniendo contacto, otros…no lo sé.
En fin, a dos personas vale la pena mencionar: “El Tontin” y “Marissa” (a la cual no le gusta que le llamen de ese modo, pero mi editora me recomendó no usar nombres en el blog). “Tontin” como yo lo llamo en ocasiones, es un amigo muy querido, mujeriego, bonachón, no toma mucho (creo que puede embriagarse con 5 tragos), fuma como desesperado, y, un día tuve una pelea a golpes con él por culpa de una mujer (que raro ¿no?). Después de eso, entendimos que no tenía caso pelear por las mujeres, porque al final ellas son las que deciden con quien se van a quedar.
Marissa por otro lado, fue mi mejor amiga por 3 años, estuvo en mi salón los tres años de secundaria. Es una niña que es más niño que yo, o al menos en ese momento lo era. Hoy día, sigo viéndola tres o cuatro veces al año, para fechas importantes como cumpleaños o navidad, de ahí en fuera, somos como dos desconocidos a los que la vida los juntó un momento y después…ya no.
El primer año de secundaria, mi madre se casó y nos cambiamos de nuestra casa a un departamento para “los tres”. Para ser honesto, creo que nunca hubo un momento en el que me sintiera en mi casa; para mí, yo era un invitado en casa de mi mamá y su esposo, pero el hecho de ver a mi madre tan feliz bastaba para que yo fuera feliz y no dijera una palabra al respecto.
Fueron dos años de vivir “conmigo”. Déjenme tratar de explicar esto:
Mi rutina de lunes a viernes era: ir a la escuela, regresar a casa, comer (en ocasiones con mi mamá y otras con ella y su esposo), encerrarme en mi habitación a hacer tarea, ver televisión, jugar algún video-juego quizá, cenar, bañarme y acostarme a dormir. Todas las tardes salían a tomar café, lo que me daba tiempo suficiente para ver a mis amigos, novias, etc.
Los fines de semana nos juntábamos en Cinépolis a hacer tonterías (casi nunca para entrar a ver una película). Algunas veces, si me “daban” permiso podía irme a dormir a casa de algún amigo, pero por alguna extraña razón a mi mamá le metieron la estúpida idea de “…porqué ir a dormir a otro lado si aquí está su casa, su cama, su cuarto…bla bla bla”.
Éste señor le metió muchas ideas en la cabeza a mi mamá y, aunque nos cueste aceptarlo, cambió mucho nuestra manera de ser y de pensar (en algunos aspectos para bien, y en otros muchos para mal).
En ese momento mi familia estaba dividida en dos: aquellos a los que no les parecía que mi madre se hubiera casado y aquellos que no opinaban (me gustaría saber que pensaban ellos). Pero, con la primera parte, llegué a tener enojos, molestias, disgustos más bien, porque en repetidas ocasiones hablaban de mi mi madre como si yo no estuviera presente, cosa que hacía que yo me pusiera verde del coraje y les contestara (con un tono bastante grosero en la mayoría de los casos) que por favor no se expresaran así de mi mamá porque yo estaba ahí, que si querían decir algo de ella se lo dijeran de frente o que esperaran a que yo no estuviera presente, o, que porqué no mejor se alegraban porque ella estaba feliz ¿no se supone que la quieres tanto?. Fue una etapa muy difícil de mi vida, porque no encontraba apoyo en ningún lado, ni en casa ni con la familia.
Después de esos dos años, decidieron (mamá y esposo) separarse por un tiempo porque las cosas no iban del todo bien, empezaron a discutir por cualquier cosa.
Un par de meses después, decidieron hablar para “arreglar” las cosas. Y sí, él volvió a casa. Sólo que ésta vez no aportaba nada para pagar la renta, luz, agua, teléfono. Compraba un par de cosas básicas, las cuales no podíamos tomar. Esto fue algo que no le pareció a mi madre (ni a ninguna persona en su posición, creo yo) y le pidió que se fuera, que se alejara de nosotros porque simplemente no lo necesitábamos; no necesitábamos de su dinero, ni de su presencia, ni de nada.
Algo que quiero mencionar aquí, es que mi mamá es para mí un modelo de mujer, porque me ha sacado adelante sin ayuda de nadie (quizá le ayudaron dándole trabajo, pero nadie le ha regalado nada, y todo lo que hemos logrado, ha sido gracias a ella. Pienso dedicarle un pos a mi madre santa más adelante, o quizá el próximo).
Medio año, tal vez un poco más, la buscó (seguían casados aunque en repetidas ocasiones le dije que se divorciara ya, pero al parecer le daba flojera, desidia o, lo seguía queriendo). Mi madre, aún no entiendo porqué, aceptó verlo en mi casa. En ese momento de la vida yo patinaba (en tabla, patineta o skateboard) por lo que casi toda la tarde estaba fuera de casa. Cuando llegué a mi casa y vi al imbécil éste sentado cómodamente en mi sala, junto a mi mamá, platicando…es muy difícil explicar lo que sentí, porque ella juraba que jamás regresaría con él, antes de que se fuera yo vi a mi madre llorando por estupideces que hacía o decía su esposo, y, después de que él se fuera, era tan feliz, todo el día sonreía. No se si me sentí decepcionado de ella o de creer algo que quizá no era cierto.
Volviendo a lo que estaba…llegué a mi casa, lo vi, pasé de largo hacia mi habitación, tomé algo de dinero, cigarros, encendedor y salí de mi casa, pero antes de salir, vi a mi mamá (dice que mi mirada la asustó) y le dije “se queda él, o me quedo yo”. Tal vez suene dramático, pero juro que en ese momento tenía mucho sentido para mí. Yo no quería viví con él. Eran las 9 ó 10 de la noche y salí corriendo hacia casa de una de mis tías (la cual vive cerca de mi casa si te trasladas en auto, pero si vas caminando son unos 15 minutos).
Cuando llegué a casa de mi tía, me vio asustada porque iba llorando. Yo no sé que habrá imaginado mi pobre tía pero cuando vio que venía sólo, lo supo.
Para no hacer larga la historia, “me la pelé”, éste cabrón regresó a la casa y ésta vez estaba de mantenido, no pagaba ni un peso para nada. Afortunadamente, no duró mucho tiempo. Fueron 3 ó 4 meses antes de que mi mamá se enfadara y lo mandara a volar. Pero no se divorció hasta un año después que JC (su primer novio quien vivía en Venezuela) vino a buscarla. Para esto ya había pasado un año y medio de que su esposo se había ido.